25 agosto 2011

Camino del Norte: día 6, Llanes - Villaviciosa




Asturias, patria querida. Aunque a los peregrinos, parece que no nos querían. Comenzamos con una negativa a desayunar incluso pagando en el momento, ni un mísero café, en el restaurante del hotel-albergue, por no haber reservado la noche previa... y todo el salón vacío. Pues a Llanes que nos fuimos a tomar unos churros con "chocolate"... pero si hasta yo hago un chocolate más espeso con el ColaCao!! Mira que son fuleriños por Llanes... ¡pobres turistas! Menos mal que las playas y los parajes que fuimos encontrando en los siguientes kilómetros eran impresionantes, ¡qué belleza la unión de los prados verdes con playas escarpadas!

El camino se fue volviendo duro, montes, caminos de piedra, prados encharcados con sus vacas, y una lluvia fina que nos calaba por momentos. Todo tenía solución, al siguiente pueblo bocatamen de lomo, botella de sidra y arreando. Después de comer volvimos a perder a Orlando. Lo normal es perder a alguien que se queda atrás, pero a éste de nuevo le perdimos por delante. Yo creo que coge algún tren "Santiago Express" y va haciendo paradas... todo lo que sube baja, y todo lo que se adelanta, parece que tiene que retroceder, ya que lo tocó retroceder para pillar Albergue! ¡No tendría parada ahí el "Santiago Express"!

¡Tema albergue! Ayer tocaba un albergue de los de verdad, de los que duermes apiñado con la muchedumbre, en los que disfrutas de todo tipo de aromas varios, no te entiendes con nadie porque la mitad son alemanes, rumanos o de por ahí (y no sé porqué, no les gusta hablar inglés)... total, por 3 € no se puede pedir más, no? Pues sí, ¡se pueden pedir muchas sorpresas más! Que todo esté muy porquiño lo primero, que te venga un alemán y te pida mostaza (si, y también tengo un bigmac para ti!!), encontrarte en una sala un tío de algún país muy lejano tocando las vaquetas encima de su mochila en plan yoga, las alemanas tirando caña... así que como todo era un full (full, proviene de fulero, dícese de aquello que no te gusta, que es una trampa, una mierda...) y a las 22:00 horas todos estaban más que sobados... pedimos un pollo a domicilio (a albergue) y casi a las 23:00 horas cenamos nuestro pollo al horno, ¡bajo las estrellas asturianas! ¡Qué gozada! Y más aún con las tres botellitas de sidra que nos hacían compañía.


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